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Tiempo y salud

Tampoco se trata de darle la culpa al tiempo de todos nuestros males físicos y psicológicos, pero en este artículo comprobaremos, mediante estudios diversos y también la opinión de importantes médicos y médicas de alrededor del mundo, de qué manera nos pueden afectar los cambios de tiempo.

A finales del siglo xix, la policía londinense relacionó el aumento de actos delictivos con los días calurosos y húmedos. En 1968 se vinculaba el aumento del calor con el aumento de la agresividad. En 1985, un estudio relacionaba el calor excesivo con la predicción de crímenes. También, en el 2014, un estudio conectaba el aumento de la temperatura y las conductas agresivas. Más calor, más estrés, más irritabilidad. Estos son algunos ejemplos de la influencia de las condiciones meteorológicas sobre nuestro comportamiento.

 

 

De hecho, en la semana del 13 al 17 de septiembre de 2021 tuvimos unas condiciones muy poco confortables: nos invadió una masa de aire cálido del norte de África, cálida y muy húmeda. En la costa, de noche, la temperatura no bajaba de 24 °C con una humedad del 90 %; y de día, se alcanzaban los 30 °C con una humedad del 70 %. El bochorno era extremo…, y también la irritabilidad, los dolores de cabeza, el insomnio… Lo consulté con una amiga médica y me dijo que aquella semana las consultas de distinta índole habían aumentado extraordinariamente; las tormentas llegaron el sábado 18 y todos los males desaparecieron.

Les tempestes ens posen nerviosos

Los cambios de tiempo, con bajadas y subidas de la presión atmosférica, la temperatura y la humedad, afectan a nuestro organismo de forma muy subjetiva, es decir, que cada uno lo nota a su manera: dolor de cabeza, pinchazos en la espalda, insomnio, irritabilidad, dolor en las articulaciones o en antiguas heridas o lesiones… Ya en la antigua Grecia se escribía sobre la relación de los cambios de tiempo con enfermedades.

Si usted es o ha sido maestro de niños, debe de haber observado que, antes de las tormentas, se encuentran más irritables. Cuando no hay tormenta, en la zona baja de la troposfera, donde habitamos, estamos rodeados de iones positivos y negativos. De forma muy poco científica, podemos decir que, a mayor número de iones positivos, peor nos sentiremos y podrán aparecer algunos de aquellos síntomas mencionados antes. Y, al contrario, a mayor número de iones negativos, mayor sensación de bienestar. En definitiva, los iones positivos son los malos; y los negativos, los buenos. Cuando se está formando una tormenta, la tierra se carga mayoritariamente de forma positiva, y entonces aparecerán esos síntomas. La descarga de precipitación (agua, granizo) y la caída de rayos transportarán iones negativos a la superficie… y volveremos a sentirnos mejor.

 

«El vent m’altera i la boira em deprimeix»

Ya hemos comentado en este blog el efecto Foehn. Los vientos secos están cargados de iones positivos, al contrario que los vientos húmedos. Cuando estos llegan al fondo de los valles, o también cuando un fuerte poniente llega a la costa, están extraordinariamente cargados de iones positivos —recuerde: los malos—. Tenemos las condiciones idóneas para que sintamos dolor de cabeza, nos irritemos o durmamos mal. Incluso, en algunas zonas de Canadá o de Austria, entre otros países, cuando alguien comete un acto delictivo y lo pillan, y en aquel momento soplaba uno de estos vientos tan resecos, esto se puede considerar un atenuante de la condena. En el extremo norte de Italia, cerca de los Alpes, cuando sopla viento del norte con su efecto Foehn incorporado, la gente se muestra más irritable. Al contrario, cuando hay viento del sur, es en el lado suizo donde aumentan las molestias. Quizá ahora entendemos por qué se habla tanto de la tramontana… Es un viento seco.

 

Y ahora vayamos con la niebla. Vivimos en un país mediterráneo y el sol es fundamental, pero con situaciones anticiclónicas, la niebla puede estar varias semanas estancada en las zonas bajas del interior. En Lérida, si hay niebla invernal dura más de seis días, las consultas al psicólogo aumentan: son las depresiones circadianas. El récord en la ciudad de Lérida son 29 días seguidos sin ver el sol ni un segundo y, además, con una temperatura de 0 grados y una visibilidad casi nula… Hasta que el sereno, o viento del noroeste convierte el paisaje frío y gris en luminoso y soleado, y las depresiones circadianas desaparecen inmediatamente.

 

Pero nos falta hablar de los beneficios de los iones positivos, de las situaciones que los aportan y de qué manera los podemos aprovechar, así como de las recomendaciones para «limpiar» la casa o la oficina de iones positivos. Atención con los aires acondicionados y las calefacciones, si no hacemos un buen uso de ellos, pueden ser una fuente de iones positivos… Pero esto lo dejamos para el próximo artículo.